El cambio

Verano de 1982

Un día sucedió algo. Una tarde de solemne aburrimiento en la que estaba yo muy pero que muy al pedo se me ocurrió usar un decolorante para el cabello que llego hasta mis manos de una forma que no viene al caso. La cuestión es que tras quitármelo de la cabeza descubrí que me había quedado un deslumbrante color rubio rojizo en la melena. Desde ese día, todo cambió.

Mi hermano estaba recién operado de una apendicitis en el Hospital militar (estaba haciendo la mili) y fui a visitarle con mi nuevo look. Estaban allí de visita dos amigos suyos de esos que siempre me trataron con simpatía y me daban palmaditas en la testa “qué mona la hermanita“. Ese día fue distinto. Me trataron diferente y me miraban distinto. Fueron conmigo más atentos que de costumbre. Cuando salimos de la visita uno de ellos se ofreció a llevarme en moto a casa. Chachi! Pensé yo. Cuando llegamos me invitó a salir algún día.

Unos días más tarde eran las fiestas de Gracia y fuimos por la noche. Yo andaba alucinada con todo. Era la primera vez que me daban bola y me sacaban de paseo a los sitios de los mayores. Esos lugares a los que mi hermano nunca quiso llevarme por obvias razones de edad.
Entramos en un bar; estaba lleno de gente. Muchas caras me resultaban familiares de haberlas visto por casa. Gente a quien nunca me habían presentado formalmente y que siempre me habían pasado por alto como si yo fuera un mueble más de la casa. Pero ese día, me saludaron muy cordialmente mirándome a los ojos. – Hey, me ven!- Acababa de obtener el acceso a su mundo. me ofrecieron fumar. -Gracias, no fumo :-)- dije tímidamente. -No hace falta ser fumador para fumar de esto- Ah, qué impacto, ¡era un porro! Santa inocentona que era me quedé horrorizada. Sin embargo supe disimular muy bien mi escándalo con cara de poker. Tardé bastante poco en asumir que el fumar porros era algo normal y sano que todo el mundo había estado haciendo siempre.

Esos días mi hermano estaba en casa convaleciente de su operación de apéndice y también apreció “el cambio“. Sonaba el teléfono y quien llamaba era algún amigo suyo preguntando por su hermana.

- ¿Quién era?-
– El Quinino-
- ¿y qué quería? -
– quedar para esta noche –
- ¿y no ha preguntado por mí? -
– nop-
- joder, pero si podría ser tu padre!-
– yaa, que le he dicho que no (tenía otras ofertas).

No le agradó nada que le usurpara a sus amistades. Para mí, fue fantástico. Y ese … fue sólo el principio.

Parece mentira lo que te puede cambiar la vida con sólo teñirte el cabello a los 15 años

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